Alí Jamenei fue el líder supremo de Irán desde 1989 tras la muerte del ayatola Jomeini, considerado el padre de la revolución islámica. Afirmaba que no quería una guerra con EE.UU., pero que respondería si hubiese un ataque
Como líder supremo, controlaba las fuerzas armadas, los servicios de inteligencia, el poder judicial y los medios estatales, sin rendir cuentas a elecciones democráticas.
Defensor férreo de la República Islámica y contrario a la influencia occidental, particularmente de EE.UU..
Fue presidente de Irán (1981-1989) antes de asumir el liderazgo máximo tras la muerte del ayatolá Jomeini.
Su mandato estuvo marcado por constantes tensiones geopolíticas y una represión interna significativa, incluyendo las protestas de Mahsa Amini
Khamenei nació en 1939 en Mashhad, una ciudad al noreste de Irán que alberga la tumba del imán Reza, el octavo imán chiíta.
Khamenei presentó una marcada politización desde sus comienzos. Un encuentro en su juventud con el líder de los Fedais del Islam, Seyed Mojtaba Navvab Safavi, que intentaba fundar un gobierno islámico en Irán en los años ’40 -mientras en Egipto los Hermanos Musulmanes también buscaban el poder-, resultó decisivo para su orientación política.
En los años siguientes, Khamenei tomó medidas contra el régimen del Shah. Fue detenido seis veces y condenado a prisión y destierro.
En 1977 el régimen imperial le condenó a tres años de destierro en la ciudad de Iranchahr. Al año siguiente, tras la Revolución de 1979, regresó a Teherán. No tardó en ascender: primero como miembro del Consejo Revolucionario, luego, designado por el ayatollah Khomeini, como imán del viernes en Teherán, y después como adjunto al ministro de Defensa.
En 1981 fue electo presidente y ese año, mientras daba un sermón en la mezquita de Abouzar, en Teherán, explotó una bomba que lo hirió gravemente y paralizó su brazo derecho.
Tras la muerte del ayatollah Khomeini en 1989, el Consejo de Expertos, máximo órgano de selección iraní, lo eligió como Líder Supremo (rahbar). Khamenei mantuvo su poder reestructurando la teocracia islámica según su criterio.
Desde su llegada al poder en 1979, el régimen iraní ha estado implicado en asesinatos, complots terroristas y atentados terroristas en más de 40 países”, reveló el 22 de mayo de 2020 el informe del Departamento de Estado de Estados Unidos, recogido por múltiples agencias. Ese número se fue multiplicando y, bajo el poder de Ali Khamenei, estas operaciones tomaron un carácter sistemático.
En el último año, esa arquitectura regional comenzó a resquebrajarse de modo acelerado. El llamado “eje de la resistencia” —la red de milicias, organizaciones y Estados cliente que extendían la influencia iraní— fue golpeado sucesivamente.
Hezbollah, la organización más sofisticada apoyada por Teherán, sufrió pérdidas inéditas ante Israel: decenas de sus comandantes de alto rango fueron eliminados, incluyendo a su secretario general, Hassan Nasrallah, asesinado el 14 de septiembre de 2024


